Fase 5.0_2013 Espacio Tucumán Cecilia Quinteros Macchió Pablo Lidoro Toranzo Rozzi, Javier Soria Vázquez, Charles Vuillemert S/T Fotografía

El arte contemporáneo plantea nuevos modos de pensar la producción artística, sin intentos de lo novedoso sino tomando todo lo que tiene alrededor para convertirlo en algo nuevo… hoy es esto y mañana aquello, pudiendo retornar al pasado simplemente por serle útil para lo que busca decir. Nos encontramos prácticamente ante la desaparición del sentido de pertenencia y gana terreno un individualismo que busca simplemente generar libertad creativa.

Bauman acude a la materia para explicar lo sustancial de nuestra existencia: “Los sólidos conservan su forma y persisten en el tiempo: duran, mientras que los líquidos son informes y se transforman constantemente: fluyen”… una afirmación que encuentra cierta familiaridad en las características del arte contemporáneo.

Esta “modernidad líquida” plantea, a su vez, una velocidad distinta, que arrasa con las permanencias y la durabilidad en el tiempo. Un agotamiento por el que uno elige irse a otra parte, ver otra cosa, probar nuevos formatos expresivos o dentro del mismo formato probar nuevas posibilidades conceptuales. Antes, el tiempo tenía otro rol; sin embargo, con los avances tecnológicos, esta percepción de tiempo llega a transformarse de manera tal que lo que parecía lejano ahora solo está a un click de nosotros.

A partir del uso de la cámara digital, la tecnología encuentra un protagonismo que le permite al artista encontrarse de inmediato con la obra, desde un lugar más intuitivo. Luego, los medios digitales permiten a esos arrebatos creativos pasar a espacios de reflexión más profundos. Así sucede con esta selección de fotógrafos cuyo lugar de producción liga con lo tecnológico pero desde diversos puntos de vista:
Pablo Toranzo toma la fotografía documental con relatos muy directos, desde el lugar del testigo que mira del costado, pero con mucha poética escondida en su obra. Parte desde espacios casi nada humanizados a paisajes que comienzan a ser transformados y transitados. Llegando finalmente al paisaje natural periurbano, donde los resabios de la humanidad dan cuenta en la aparición de lo que el hombre deja...

Charles Vuillemert es un testigo más pasional y su fotografía intensa tiene mucha historia del instante, vivió un tiempo en Tartagal (Salta). Snapshots digitales, trópico y drogas eran la rutina en ese entonces. El momento inaugural del viaje definitivo a ese mundo por 3 años o más, quedo establecido al ser arrastrado por una correntada el puente del Río Muerto, dejando aisladas a más de 30.000 personas por más de tres meses. Prácticamente una metáfora de su ruptura con el mundo del arte y la metrópolis porteña....y, sin embargo no podía evitarlo, no paraba de sacar fotos como un espectador en tercera persona de los acontecimientos por donde transcurría su vida.

Javier Soria Vázquez, suma a estas características el estado reflexivo sobre la obra, cortando con la instantaneidad de los dos artistas antes nombrados. Para él, el espacio urbano es soporte de miles de elementos que lo componen, que se dibujan como objetos anónimos, como presencias; casi sin forma. La transitabilidad de esos espacios urbanos es casi mecánica. Esta serie muestra como la naturaleza y la urbanidad logra una convivencia casi fusional, que parece ser el modo de sobrevivir la una a la otra.